¿De dónde venimos? Una pincelada de nuestra historia.

Las características geográficas que se encuentran actualmente en la Villa de Caldas, el punto de inicio de un valle fluvial cruzado perpendicularmente con una línea de valles norte-sur (falla Carballo-Tui) que facilitaba las rutas de comunicación en esa misma dirección, rodeadas por promontorios, a lo que hay que unir la singularidad de la existencia de manantiales naturales de agua termal, no hay duda de que han tenido una influencia decisiva en el hecho de que se acredite la existencia asentamientos de población desde tiempos muy antiguos.

La antigüedad

Así, los primeros restos arqueológicos que han aparecido hasta ahora, datan de la Edad del Bronce (1.800 a.c.), destacando el conocido como el Tesoro de Caldas, formado por 41 piezas de oro con un peso de 28 kg y que los estudiosos no dudan en describirlo como el mayor tesoro dorado conocido hasta ahora en toda Europa occidental, que probablemente formaría parte de una prenda perteneciente al entierro de un personaje relevante. También en los alrededores de la actual iglesia parroquial de Santo Tomás, se han encontrado piezas (53 láminas de oro enrolladas en un cilindro), por lo que se puede suponer que en los alrededores del actual núcleo de Caldas puede haber vestigios de lo que en otros tiempos fue un espacio cultural o sacro, de ahí la proliferación de tumbas funerarias en las que se enterraban personajes distinguidos en la Edad de Bronce. Lo que está claro es que en esos tiempos ya existía una sociedad jerárquica y evolucionada con una técnica refinada para trabajar los metales (¿los primeros Caldenses?).

Algunos estudiosos identifican las tierras de Caldas de Reis con el lugar habitado por los «Cilenos», una ciudad de asentamiento celta, y con el núcleo o capital de este territorio en «Aquae Celenae», o lo que es lo mismo: la gente de las aguas cilenas. Este pueblo también habitaría una serie de asentamientos estratégicos en las colinas inmediatas a Aquae Celenae. Este es el caso de Outeiro, el Castro del Porreiro, Castro de Follente, Castro de Segade o Castro de Eirín, que facilitó su defensa, así como la función de vigilancia a larga distancia, asentamientos de castros que en algunos casos son el origen de algunos núcleos rurales actuales.

Al igual que las colinas, las fuentes y los manantiales eran un lugar de culto para los cilenos, un espacio propicio para la manifestación de la divinidad, un testimonio de ello es la devoción votiva dedicada al dios Edovio encontrada junto al manantial de agua termal.

La romanización y cristianización

La romanización de estas tierras se realizó a través de la ruta XIX que venía de Braga, aprovechando la facilidad de las tierras de los valles S-N (falla Carballo-Tuy), siendo un factor de gran importancia la existencia de aguas termales, tan importantes en la cultura romana, que seguramente provocaron el establecimiento de una «mansio» (había abundantes restos – tégulas, estelas, ladrillos y materiales de construcción de origen romano), convirtiéndose, sin duda, en la sede de un campamento militar de forma permanente, base de descanso y aprovisionamiento de las legiones que controlaban a la población indígena de la zona, lo que le permitiría ascender a la categoría de «municipium» lo que implicaba que las élites gobernantes locales obtuvieran los derechos de la ciudadanía latina.

Los romanos introdujeron sus creencias y costumbres, permitiendo las propias creencias indígenas, aunque el cristianismo se introdujo rápidamente, construyendo los primeros templos junto a los lugares de culto paganos, era una forma de cristianizarlos, por ejemplo, la desaparecida Iglesia de San Sebastián que luego llegaría a llamarse Santo Tomás, erigida junto a la Burga. En el siglo v d.c. las crónicas nos dan cuenta de la fuerte presencia del priscilianismo en el municipio Cileno, llegando incluso a la sede obispal, en la que se celebró un Concilio en el 447 por orden del Papa San León, categoría religiosa que perdería tiempo más tarde en beneficio de Iria.

El medievo

Después de un período de cierto declive, a principios del siglo XI, en tiempo del rey Alfonso V, Celenes se convirtió en «Kalidas»., Un siglo más tarde, según la Historia de Compostela, este municipio se convierte en Termarum, consigue en el siglo XIII su nombre definitivo Caldas a «Rex», gracias al nacimiento en la villa del rey Alfonso VII (Reimundez), hijo de la reina Doña Urraca y Reimundo de Borgoña, coronado en Compostela en 1110. La familia real poseía en Caldas una serie de bienes, entre ellos, la Torre de Doña Urraca, ubicada en el Campo de la Torre, al lado del puente y el río Bermaña, probablemente estaba completamente rodeada por un muro perimetral, que llegaba hasta las Silgadas, a principios del siglo XIII, esta torre perteneció a la mitra compostelana, en ella tenía fijada su sede el palacio arzobispal, estaba habitado por un gobernador designado por los prelados de Compostela, también había una capilla para el uso de los arzobispos.

La edad moderna

En el año 1581, los vecinos de Caldas adquieren los derechos de la ciudad que el Rey Felipe II había puesto en venta, convirtiéndose así en Villa de Reguengo bajo jurisdicción real, excepto esta fortaleza y torre, que estaba bajo la jurisdicción arzobispal. En 1674 La torre se convirtió en un centro residencial de la jurisdicción de lavilla, las personas que ocupaban el cargo de juez fueron nombradas «jueces de la Torre de Caldas», ya que este edificio es la sede de la administración de justicia.
Cuando se convirtió en Villa de Reguengo, sus habitantes se convirtieron en los vasallos del rey, al tiempoque adquirían el derecho de protección real, las familias nobles se asentaban progresivamente en la ciudad, principalmente en la ruta do Camiño de Santiago y hasta el puente sobre el río Bermaña, en las cercanías de la Torre, formando la calle real (antes Rúa Vella) legado arquitectónico residencial de primer orden, con inmuebles blasonados que han llegado hasta nuestros días, convirtiéndose así Caldas, según las crónicas de la época, «en un pueblo muy hermoso, con abundantes huertas, aguas y alamedas».

La edad contemporánea

A finales del siglo SXVIII, se potencia el aprovechamiento termal, hasta entonces lo que existía era la fuente de agua termal a cielo descubierto, donde además de ser utilizado para la higiene personal se lavaban recipientes y todo tipo de utensilios, lo que dió lugar a cuestionar la higiene existente no manantial. Así surgió la iniciativa de la construcción junto a él, por parte de D. Joaquín Dávila, de la casa de baños del mismo nombre, cubriendo el recinto del manantial y dejando unicamente un surtidor de agua para uso público. Con el siglo XIX florecería el período termal, con la construcción en 1812 de un nuevo balneario al otro lado del río, por parte de D. Pedro de Acuña. A finales de ese mismo siglo, en 1883, el Ayuntamiento hizo una fuerte contribución al desarrollo termal, comprando a el Conde Canillas las tierras y el Pazo de Bendaña para dedicarlo a espacio para servicios públicos y la construcción de un gran parque-jardín que complementase la oferta medicinal de los balnearios, actividad que ha estado en crisis durante todo el siglo XX. En 1820 se formó el partido judicial de Caldas de Reis, construyendo el edificio que albergaría el Juzgado, la cárcel, la capilla frente al Balneario Acuña y, poco después, en el año 1836 se constituiría el Ayuntamiento de Caldas al que se uniría el concello de Saiar en el año 1894 ( Saiar y Godos).

En ese mismo siglo XIX, la torre de Doña Urraca fue abandonada con motivo de la desamortización. Así, desde 1845, los días de feria y mercado se han celebrado en este lugar.

Llegado el año 1879, la torre ya estaba decadente y dado que la antigua iglesia de Sto Tomás, construida en la actual Plazuela, además de pequeña amenazada ruína, se pidió al arzobispo de Compostela, Miguel Payá y Rico, la demolición de la Torre para aprovechar las piedras en la construcción de nueva iglesia. Y así fue que, desafortunadamente, el 10 de julio de 1891 la Torre de Doña Urraca fue desmantelada, privando a los vecinos de Caldas de este excepcional bien patrimonial legado de su pasado.

A fines del siglo XIX y principios del XX, Caldas tuvo alguna iniciativa aislada en materia industrial (hidroeléctrica, curtidos, etc.), fruto más bien de personas emprendedoras, pero que no tuvieron mucho arraigo en el tiempo. La economía era básicamente de subsistencia y, hasta los años 70, predominantemente agraria. Algunas industrias importantes comenzaron a establecerse en Vila, y desde los años 80 hubo una importante transformación económica y demográfica con un importante desarrollo, que curiosamente continúa girando en su estratégica ubicación geográfica en el centro de importantes redes de comunicaciones, manteniendose el atractivo turístico-paisajístico y termal.

A lo largo de la historia, Caldas ha mantenido sus principales atractivos, a saber, un enclave geográfico privilegiado (valle fluvial, aguas termales, clima agradable) que dió lugar a una encrucijada de caminos, que facilitó su desarrollo, manteniendo hasta ahora su carácter de pequeña villa con un paisaje excepcional, que vive del sector de servicios, de la construcción y de algunas industrias importantes.